viernes, 4 de mayo de 2012

Al señor Ramón

Estimado señor Ramón,
Hace un par de días decidí hacer algo que me había prometido a mí mismo no hacer nunca: eliminar un texto publicado en este blog.

En ese texto me desahogaba (bien a gusto, he de decir) sobre  su forma de tratar un par de conflictos que surgieron entre nosotros.  Reconozco que utilicé palabras muy duras, pero intenté explicar bien por qué utilizaba esos términos y no otros.
No he decidido eliminar ese texto porque me arrepienta de esas palabras, ni porque tenga miedo a las consecuencias.  Me alegro de que por fin haya encontrado el texto original, y le repito lo que le escribí entonces: "Si llega usted hasta aquí y lee estas palabras, no espere que yo me retracte de nada de lo que he escrito. Y sepa también que en el mundo actual de la información es mucho mejor abrir canales de comunicación que cerrarlos, porque si alguien está descontento con usted ya encontrará la forma de hacerlo; no tiene más que escribir sus quejas en un blog, y queda escrito para la posteridad."
Hay dos razones más importantes para que haya traicionado mi promesa.  La primera es que no quiero que nadie se lleve una mala impresión del colegio en el que usted es director por mis palabras.  Al escribir impulsivamente llevado por mi monumental cabreo cometí un error del que me arrepiento: mencioné varias veces su nombre completo y el nombre del centro, por lo que alguien podría encontrar esta publicación mientras buscaba, por ejemplo, opiniones sobre este centro escolar en internet. No se preocupe, esto no ha pasado realmente, porque hasta hace dos días los únicos que leían mi blog eran mis familiares y amigos más cercanos. Aunque le recomiendo que reflexione sobre mis palabras, si sigue resolviendo así los conflictos que surjan con los padres usted mismo se encargará de estropear la imagen del centro.

La otra razón es que usted, personalmente, no se merece que cuando se busque su nombre completo en Google, el primer resultado que se muestre sea una dura crítica a su persona.  Nadie lo merece.  Sólo hay que darse una vuelta por el grupo de Facebook ex alumnos para darse cuenta de que hay muchas personas que le admiran, sobre todo como profesor.  Como director me ha costado más encontrar a alguien...


Rubí, a 4 de Mayo de 2012

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